Spoiler: Este texto, aunque definitivamente está intencionado a ser uno de los muchos textos motivacionales que se derivan del “running” o de correr (mejor dicho), no es el típico texto que lleva fanfarrias escondidas tras cada palabra, brincos y saltos de alegría y burbujas color de rosa. Es un texto sincero, concreto y que intentará ser lo más real que se pueda. Tal vez te identifiques con él.

Sé que estás ahí. Ya te había sentido, aunque fue hasta hoy que por fin te identifiqué. No sé qué es lo que pretendes, o crees que lograrás, pero te quiero decir que no eres bienvenida. Si, así como lo leíste (o escuchaste, si me estás leyendo en voz alta). Te lo diré más fuerte: NO ERES BIENVENIDA. Está bien…Sé a lo que vienes, y sé por qué estás aquí.  Afortunadamente no estoy sola. Tal vez si hubieras venido hace 2 años 8 meses, me hubieras encontrado en muy distinta forma, y no hablo solamente del físico. Hablo de mí, de mi ser y de mi persona. De quién soy. No me había dado cuenta que rondabas tan cerca porque él, quien me acompaña y me ayuda a mantenerme de pie, había estado muy ocupado manteniéndome entretenida mientras tú, lenta y sigilosamente traías tus cosas y empezabas a instalarte. Ya nos hemos topado una o dos veces en el transcurso de mi vida, y sí, es cierto lo que dicen que una vez que alguien ha estado contigo, es muy difícil que no vuelvan más a ti.

Quiero decirte que pierdes tu tiempo. Además de que no eres bienvenida, te lo reitero: No estoy sola. Él me ha acompañado en mis momentos más difíciles, en los que nadie me entendía o me sabía dar palabras de aliento. El, tan solo con estar conmigo y mantener mi paso, supo hacer de la soledad solitud, y del silencio soliloquios. Sabes, no me da miedo decírtelo. Sé a qué vienes, y no te lo vas a llevar. Sé que estás tramando tu golpe más fuerte, el más letal hasta ahora y estoy preparada para darte batalla. No te lo llevarás así de fácil. No cuando ha sido mi más grande confort durante estos años, y el único que me ha aguantado todas las cosas que he vivido, en un tiempo tan corto y tan intenso.

No te puedo decir que me sorprendió entender tu presencia y tus reclamos. No me sorprendió el saber que vienes a “castigarme”, a llevarte a quién más me está ayudando. En tu mente retorcida tienes razón, pero nadie sabe lo que pasa conmigo mejor que yo, y mis amistades (quienes están al tanto del suceso) ni se imaginan por lo que estoy pasando en estos momentos. Empezaste poco a poco…calladita…agachadita, para pasar desapercibida.

Él, en su afán de hacerme sentir bien ocultó las pequeñas señales de que habías vuelto. La falta de apetito, el sueño en el día acompañado por el insomnio por las noches, el cansancio, el hastío de ciertas cosas y si, el sentimiento de tristeza que como una mancha voraz se iba extendiendo y cubriendo algunas conductas que solo los que me conocen bien supieron identificar que se estaban extinguiendo. ¿Sabes algo? Si no fuera por el levantón que él me da, por la capacidad que tiene con su “high” de hacer a un lado las cosas difíciles, por su manera de hacerme sentir que floto y a veces que vuelo…Si; si hubiera sucumbido a tu llegada. Pero lo que te tengo ahora es coraje, no miedo. Tengo coraje que sepas que él me mantiene fuerte y justamente por eso es que decidiste empezar a atacar por ahí. Primero la gripe pasajera pero intensa que atribuí al mal clima, eras tú. Las vocecitas que escuchaba cuando no estaba con él que me decían: no lo veas hoy, no vayas con el…eras tú. Y lo peor, lo que no estoy dispuesta a otorgarte: el que me quieras hacer sentir que no merezco el bienestar que él me proporciona, el escape que le brinda a mi dolor y el alivio que siento cuando hemos terminado nuestro tiempo juntos. No te lo voy a dar. No lo voy a soltar. No me voy a castigar, NO.

He comprobado que es cierto que mientras estoy con él, es difícil sentir lastima por mí misma. Pero no se borra mi realidad, no se borra el vacío que siento por la ausencia de uno de los míos. Si bien soy afortunada en tenerle a distancia, la ausencia que dejó en mi presente te invitó a venir de nuevo. Entiendo, quieres mudarte con todo y muebles, pero no hay espacio en mi morada para ti. ¿Si te dije que no eres bienvenida?  Por si acaso no te quedó claro, te lo repito cuantas veces sea necesario.

En mi tiempo preciado con él, el día de hoy, las lágrimas quisieron rodar por mis mejillas. Las voces que me pedían que me detuviera eran cada vez más fuertes, más crueles, más decididas. Y entonces fue ahí cuando me cayó el 20. Por eso estás ahí en esos momentos de tanta intimidad. Porque sabes bien que si logras alejarlo de mi lado, quedaré al descubierto y podrás hacer de mi lo que quieras. Pues léelo bien, que te lo digo desvelada y sin velo: No eres bienvenida aquí.

Saldré adelante de este momento de mi vida en el que el pecho oprime mi corazón, mis ojos se llenan de lágrimas y mis pensamientos no tienen sentido, y lo haré mientras lo tomo al 100 y él, me toma a mí.

Depresión, vete ya de aquí.

Running: En ti confío. No la dejes entrar. No me dejes caer.

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