Mi maratón: Bank of America Chicago Marathon  2014 ( primera parte)

Corría y mi respiración parecía no agitarse, el viento semi frío tocaba mi rostro mientras que sentía el impacto de mis pisadas en el concreto, mi paso era ligero, confiado… tranquilo. Mis ojos observaban  el entorno completamente novedoso. La música armonizaba con el espacio, la experiencia de correr por la mañana en ese momento era única, disfrutable y placentera.

Grandes edificios de sombras profundas, múltiples ventanas, aparadores entre los primeros rayos de sol, la calle con poca gente quiénes caminaban con café en mano, entre chaquetas ligeras y  algunas bufandas. Yo seguía corriendo, me mantenía segura, relajada,  sin presiones y completamente sonriente.

Se percibían pocos autos los cuales avanzaban respetuosos al paso de algunos  otros corredores como yo, que esa mañana definitivamente no habían podido resistirse a salir temprano para aflojar las piernas, previo al maratón.

La calle Michigan con sus tiendas aún cerradas,  me observaban mientras corría. Benito Juárez ya me había sorprendido un día antes con su maravillosa estatua en esa pequeña plaza entre dos rascacielos en el corazón de Chicago. La mañana era una verdadera delicia de sueños cumplidos y metas aún por alcanzar.

Observé mi paso, no quería ir demasiado lento. Miré el Garmin 4:37min por kilómetro, me sorprendí, la emoción lo había hecho de nuevo. Pensé entonces si mañana inicio a este paso no resistiré, esa fue mi reflexión y comencé a correr despacio, cuidando el uso de reloj, -a ritmo- mientras calmaba la emoción que sentía al trotar esa mañana de octubre en Chicago, solo por variar.

Así comenzó la aventura, en esta maravillosa ciudad de los vientos,  con mi llegada un viernes al medio día, con la ilusión y el entrenamiento a cuestas. Comenzó la aventura desde que lo soñé una tarde de diciembre con el calendario de carreras y maratones en mano.

Y ahora por fin estaba ahí… ¿se puede pedir más en la vida y a la vez estar tan agradecida?

La ruta rumbo a chicago tuvo absolutamente de todo, sin embargo haciendo un justo balance las experiencias positivas superaron por mucho, los momentos difíciles. Esto no significa que haya sido fácil, por el contrario, pocas cosas en mi vida se han tornado tan complejas y difíciles de alcanzar.

Desde las inscripciones, el salir sorteado, los primeros costos, sacar la visa, empatar los tiempos, entrenar como nunca la fuerza, dedicarme con cuidado a la dieta, balancear mis actividades profesionales y personales.

Desde establecer prioridades, revisar los gastos, dejar atrás momentos en familia, o ratos con amigos, desde la frustración que supone sentir que vas mejorando para darte cuenta que te falta mucho, en tus tiempos, hasta las cosas naturales en este tipo de entrenamiento como el dolor, las lesiones, el esfuerzo de cada levantada temprano solo por mencionar algunas cosas.

En verdad creo que siempre pensé que no sería realidad. En los primeros momentos creía que sería complicado salir sorteada, después sabía que no era un hecho contar con la visa, luego me preocupaba mucho tener el dinero reunido para este viaje, en fin me preparé psicológicamente para buscar el sueño, consciente de que las probabilidades eran por mitad o menos.

Pero esa mañana de octubre yo ya estaba ahí. Nunca olvidaré la sensación que me invadió al llegar al McCormick Center por el paquete y recibir mi playera, o caminar por el stand. Escuchar mi nombre de las personas que me entregaron mi número y playera fue excepcional. El sueño se terminó, y ahora era una realidad.

La ciudad olía a maratón, carteles, ropa deportiva, corredores por todos lados,  las cafeterías, hoteles, restaurantes etc. todo hacía alusión a este gran acontecimiento. Mi hotel alojaba a una delegación entera de Francia, Italia y Chile era maravilloso entrar a ese loby climatizado, a unos 20 grados y percibir un cálido aroma a manzanas y canela del té, dispuesto junto a los confortables sillones, entre una atmósfera de música jazz, de los años 30, eso mientras te sentabas un poco a leer acerca de la ruta, los lugares turísticos a visitar o los lugares con descuento para los maratonistas.

La tarde del sábado luego de comer carbohidratos en un fabuloso restaurante de pizza, frente a Milenium Park, la cita eran las 4:00 de la tarde. Una foto de los mexicanos en Chicago en el Cloud Gate (mejor conocido como el frijol) esa tarde otro momento reflexivo llegó a mí.

Al estar en ese lugar como mexicana con mi bandera, pensé en la gente que se quedó en casa. Mis hijos, mis padres, mis hermanos, los amigos, mi coach, en fin cada persona que de manera literal se convirtió en un ángel en mi camino.

Por el cariño, el apoyo, la motivación. Por los detalles, el amor el acompañamiento, por sostenerme, escucharme, o darme aliento, y así caí a la cuenta, del amor de Dios a través de todas estas maravillosas personas.

Personas de hoy o de otros tiempos, por eso creo que lo que logramos es gracias a los que muchos hacen por ti. Tu esfuerzo vale, y el mérito nos pertenece, pero de forma justa mucho de lo que hacemos se lo debemos a otros que se esfuerzan con nosotros.

Chicago ha sido de lo mejor en mi vida, y ahora quiero continuar corriendo, buscar nuevas metas, descubrir nuevos lugares. Llevar mis pies con alas a nuevos territorios y respirar un aire distinto, cada vez.

Las luces, los colores, las sensaciones, los aromas y cada paso corriendo en Chicago están ahora en mi mente para siempre. Gracias a todo lo que luché y a mis ángeles quiénes me dieron “alas” para llegar hasta ahí… y correr un maratón, una mañana de octubre.