#yoentrenoparael10 #rumboamonterreypowerade

Pensé que era un sueño o por lo menos en ese momento así fue como me sentí o la confusión que tuve entre espacios, tiempos, sensaciones, luces y sombras. Me mantuve corriendo pese a la inmensa oscuridad, mantuve mi paso de 5:45 y traté que la respiración fuera controlada, rítmica para soportar los kilómetros faltantes.

Una noche de viernes entre árboles en un parque de 7 km, en medio de la oscuridad no es cualquier cosa, recorrerlo con el pavimento tan mojado, que los zapatos tenis se resbalen, tampoco. Evadirse entre la música mientras se avanza paso a paso, se convierte nuevamente en toda una experiencia.

Estamos en octubre, acaba de comenzar el otoño y me preparo desde hace varios meses para una importante competencia el Maratón de Monterrey Powerade 2015 que este año cumple 10 años de su realización, en mi caso será la segunda ocasión que corra estos 42.195 km de la ruta regiomontana. Por ello y unas semanas de la prueba, cada entrenamiento es esencial y se convierte en palabras de Marusia (mi amiga runner, maratonista apasiona) en un ensayo el día del estreno.

Cada día es una oportunidad de mejorar los tiempos, de corregir la técnica, de cuidar la velocidad y administrarla, en fin de ser más fuertes, mejores corredores pero sobre todo más equilibrados, serenos y confiados.

Por ello el día viernes que nos tocan sumar  kilómetros a la semana, es primordial no dejar de lado el entrenamiento y avanzar, sin importar si se trata de entrenos al amanecer, en las primeras horas del día, por la mañana o la tarde o incluso en mi caso ya entrada la noche. En ocasiones los amigos compañeros de equipo hacemos por quedar a una hora y tratar de acompañarnos, pero este día en particular es complicado así que en viernes cada uno avanza a su propio tiempo, a su propio ritmo.

“La soledad es sin duda un componente esencial del corredor de fondo”, me platicaba Hugo el otro día (otro gran amigo runner, ahora ya ultramaratnista) a razón de su entreno de este miércoles pasado y sus 18 km recorridos en el mismo parque también por la noche. Y es que no pude dejar de pensar ayer precisamente en cómo la idea de correr largas distancias en soledad nos  regresa a los primeros tiempos que como corredores y en soledad solíamos recorrer parques, calles, o rutas siempre en compañía solo de nosotros mismos. Nos hace retomar la esencia de correr que nos enfrenta rápidamente a toparnos con nosotros mismos, nuestros miedos, lo que nos incomoda, aquello no resuelto durante el día, etc. Y no que no lo hagamos ahora, simplemente que existen días que desde nuestra sensibilidad nos hacen percatarnos aún más de este tipo de detalles.

El parque a las 8:25 de la noche se sentía húmedo por la lluvia de un par de horas antes, olía al dulce néctar de las jacarandas ya sin flores violeta, a los eucaliptos mojados de sus troncos, olía a el agua estancada en la presa, a hojas aún verdes. Mi sudor se confundía con la humedad del aire, por momentos me dolían hombros y la articulación del brazo unido al torso, esto debido a las lagartijas hechas en la sesión de fuerza de un día anterior.

Escuchaba a The Temper Trap y su canción I need your love cuando avanzaba por el kilómetro 8 de los 14 que esa noche debía recorrer. Con cada acorde imaginaba mi vida en los últimos meses, también los cambios, observaba a las pocas personas a mi alrededor y pensé en que lo que más miedo le da a Moñito (amiga runner) en un parque solo por la noche siendo corredora, es la idea de toparse con fantasmas. Así que pensé y ¿si todos en este parque en realidad son fantasmas? De manera casi inmediata a este pensamiento se prendieron las luces del parque y el sueño terminó. Dejé de imaginar que este entreno era un momento en el que dormida, me soñaba corriendo libre, entre tinieblas en un lugar desconocido, con temor y placer al mismo tiempo.  Se quitó la idea de que todos eran fantasmas y regresé a la realidad de ver el parque igual que tantas otras veces en los que lo recorro por la mañana, tarde o noche desde hace ya más de 5 años.

Pensé que llegaría a escribir de esto, llegué finalmente al punto de inicio los 7 kilómetros y di la vuelta para regresar y no empezar el nuevo, sino recorrer el otro parque, el que va en sentido opuesto.

Ya en ese punto con esa dicotomía entre la realidad y la ficción, mi mente pudo liberarse y sentí cada parte de mi cuerpo y no en un sueño, ahora en una realidad de cinco sentidos de libertad, de confianza y mucho gozo. Me encontraba con mi sombra y las personas que en bici o caminando aún seguían en el parque. Pocos corredores he de decirlo, me topé con mi recorrido nocturno, mi propia carrera nocturna, y la frase en cada poste “AMO CORRER” de la carrera que se celebraría en ese mismo escenario la noche siguiente.

Mantuve mi paso, sentí la fuerza de continuar, de seguir, de avanzar con impulso, con certeza. Me di cuenta de mi espíritu inquebrantable y lo mucho que requiero seguir así poniéndolo a prueba, en cada entrenamiento solo o con amigos pero siempre en libertad.