Crónica de una mañana de Maratón, o de cómo la Ciudad se volvió la cascada de la libertad.

Eran las 9:15 am comencé a trotar por las calles algunas secas y otras mojadas de esta vieja ciudad cosmopolita que alberga tanto para tantos, o por lo menos eso pensé mientras me apresuraba a llegar al punto; el kilómetro 30.

Se trataba del kilómetro 30, una mañana del 30 de Agosto, en un lugar al que regresaba luego de 30 años. Me percaté de ello estando ahí parada con un cúmulo de energía eléctrica corriendo por mis venas por esperarlos. Por verlos pasar y por fin por unirme a ellos para correr una vez más.

Me reuní con esa gente maravillosa que parada los veía pasar en un mundo que se divide claramente en tres dimensiones, 1. La dimensión real el ambiente las calles en donde se sitúa todo, los edificios, el aire, la historia, incluso la gente que pasa y los ignora. 2. La dimensión de los que observamos, que los acompañamos y que vemos pasar a esos corredores con su sangre revuelta y su mirada concentrada por alcanzar la meta. 3. Los corredores y su mundo totalmente distorsionado y transfigurado al paso de cada kilómetro en el recorrido de su maratón, en su propio ambiente.

Hoy por cuestiones que no contaré, me tocó estar en la dimensión dos, la del espectador, mi sentido de entender y vivir este maratón fue viendo los toros desde la barrera, y un poco dentro del ruedo. Así que esa mañana 30 de agosto del 2015, me levanté y como una madre amorosa prácticamente di la bendición a los maratonistas que esa mañana a las 6:00 am estaban listos para devorar kilómetros, les tomé una foto, los vi partir con la ilusión y la esperanza de niños, con el entusiasmo y la adrenalina a su máxima expresión.11950979_972966822724960_99851384_n

Ellos se transformaron y se convirtieron desde ese momento energía, y en luz para viajar a su misma velocidad.

Por otra parte la Ciudad palpita, es como pocas y logra desde sus entrañas transmitir toda la energía de nuestro pasado. La magia de la gran Tenochtitlán no se ha ido ni se ha escapado, permanece y se cuela desde sus profundidades, por cada muro, en cada plaza, por cada avenida. El pasado de padres, abuelos, está ahí y nos es común a todos, y es la sangre de todos los maratonistas, de los 30,000 corredores que se dieron cita, para el gran maratón.

Llegué en la ruta al kilómetro 30, los competidores lograron recorrer una ruta muy espacial que incluye todo el esplendor de la Ciudad de México de casi tres siglos. Los corredores aún sufren este maratón pues describen en sus relatos, situaciones adversas, como la lluvia o los encharcamientos (en algunas otras ediciones) ciertos aspectos de la organización en los corrales de salida, que no permite que los corredores más veloces logren sus metas pues, otros corredores con paso más lento les obstaculizan, aspectos incluso relativos a la contaminación ambiental, (aire, suelo, etc.) y la cantidad de corredores que solo hacen un parte del recorrido.

Todos estos son aspectos que se convierten en situaciones adversas que, para los corredores más disciplinados y serios le dificulta su propia organización en el paso y estrategia al correr su maratón.

Sin embargo y a pesar de esto el Maratón de CDMX tiene su magia, es indescriptible ver a la gente pasar con ese espíritu de lucha, de tesón y de compromiso con ellos mismos. Es incomparable sentir el espíritu del Maratón en el rostro y el pulso de las personas que vez pasar mientras lo corren y con ellos observar todo ese sentir de un pueblo que desafortunadamente ha sido muy castigado, y que el deporte le ha devuelto la esperanza, como dice la canción de Venusta Morla:

“Fue un atraco perfecto, fue un golpe maestro, dejarnos sin ganas de vencer,

Fue un atraco perfecto, fue un golpe maestro, quitarnos la sed”

Después en esta canción que describe todo lo que algunos se han robado y lo mucho que han despojado a la mayoría de lo esencial, en un triste sentido de apatía, letargo y pasividad… en un punto esta canción describe:

“Alerta hay un testigo, ¡nos han dejado vivos!”

Fue un atraco perfecto, excepto por esto, nos queda garganta, puño y pies

No fue un golpe maestro, dejaron un rastro, ya PUEDEN CORRER, YA VUELVE LA SED

Este es el tipo de señales, y de emociones que yo pude apreciar, que pude constatar en ellos que siguen VIVOS que tiene garganta, puños y pies. Ellos que se reúsan a que se les despoje de todo, a que se les niegue la sed de vencer. Correr este maratón, correrlo así en sus calles de esta vieja y magnifica ciudad, y ver los que despiertan literal, en lo metafórico y en lo cotidiano, nos da esperanza como país y nos hace sentir que podemos lograrlo.

Mis amigos, aquellos a quienes acompañé esa mañana demostraron de qué están hechos los sueños. Y se hacen de ilusión, alegría, compañerismo, se hacen de apoyo, y disfrute.

Demostraron también de que están hechos ellos, Hugo de fuerza de una pasión ilimitada, Maru de coraje, de ímpetu incansable, Oscar de tenacidad, y estrategia, Genaro de decisión y mucha solidaridad, y Sergio de determinación y enfoque.

Yo llegué como lo he dicho en este relato al km 30 y corrí por espacio de 58 min 10 km de esta increíble ruta, mientras observaba el cansancio y el espíritu de lucha de los verdaderos competidores. Vi sus rostros desencajados, sus pantorrillas acalambradas, su sed en cada puesto de hidratación su ánimo de disfrute y sus ganas de vencer.

Hice ese recorrido y al llegar al final del recorrido de repente, impetuoso emerge el Estadio Universitario, de inmediato pensé en libro “Regina” de Antonio Velazco Piña, y mi México y su juventud y la necesidad de recatar lo que somos y luego recordé a la entrada en “El Idilio de los volcanes” de José Santos Chocano.

La espiritualidad que surge del maratonista y que también nos corre por las venas, México 68 y sus Olimpiadas, la injusticia y la muerte y el deseo por acallar las voces, (todavía no nos han callado) las letras de este maratón y el Estadio. Y nuestro pasado histórico cultural y ancestral que está presente en el ADN de todos.

Somos un pueblo que necesita creer, y conquistar sus sueños, y nos toca como corredores hacer extensa la idea que si se pueden lograr los sueños, con orden, constancia, determinación y disciplina, los sueños aunque sean de 42.195 km

En la meta por fin luego de la entrada incomparable por ese túnel y la energía, los vencedores y sus palabras, frases, y lágrimas. Así mi experiencia en el Maratón CDMX, 2015 y la gente y sus medallas y sus inagotables sonrisas y la fuerza de un país que a pesar de todo sigue VIVO.