• Es día de maratón, ¿lo pensaste algún día? Le pregunté a mi esposa el domingo 30 de agosto del 2015, a las 04:35, mientras nos arreglábamos para salir a la gran fiesta.
  • ¡Jamás! Me respondió ella, con una sonrisa que notaba el nerviosismo que el maratón nos hace sentir.

El 28 de agosto del 2014, decidí inscribirme al Maratón de la ciudad de México. A partir de ese momento, fue un año, en el que pensé que este Maratón sería el evento “estelar” para mí en el 2015. Y lo fue, y no porque haya hecho mi mejor tiempo hasta el momento, cosa que en su momento pensé que así sería, si no por algo mejor, que no creí podría suceder.

A partir de los entrenamientos de cara al Maratón Monterrey Powerade del año pasado, mi esposa Alejandra, después de varios intentos de hacerla partícipe a correr, aceptó iniciar sus entrenamientos, de alguna manera para acompañarme, sin embargo, notó la gran magia que causaba correr, y se “enganchó” en esta disciplina, a tal grado que estuvo entrenando muy dedicada los meses de Noviembre, Diciembre y Enero, con la mirada puesta, a correr 21 km en la carrera de los barrios, en León. Ella, como antecedente, ya traía unos años jugando tenis y haciendo pilates, por lo que esto le ayudó a que se le facilitara más el correr.

Con el paso de los meses, y buen entrenamiento, Ale decidió correr apoyando a una fundación, el Maratón de la Ciudad de México en su versión del 2015.

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El hecho de vivir la experiencia previa al maratón, siempre es emocionante; pero en esta ocasión, me tocó acompañar a mi esposa en su primera como maratonista. La emoción, nerviosismo y ansiedad, como siempre, son parte de este mundo, pero el haber visto y platicado con tantos amigos a la hora de la entrega del kit, así como en la cena, aminoraron esos sentimientos.

Increíble fue, ver como la ciudad de México se paralizó, esto ayuda a matar dos pájaros de un tiro, pues además de hacer lo que tanto nos gusta, gozamos la ciudad para nosotros y tenemos el privilegio de conocerla a nuestra manera.

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Resultó emotivo observar, como los habitantes de esta metrópoli, se abalanzaron a las calles, haciendo de esta, su fiesta y ver las señales de apoyo hacia los corredores.

Cuando estábamos entre el km 29 y 30, en la Av. Chaultepec, esperábamos que un gran muro o pared nos pegara, pero en todo momento, íbamos con la mentalidad de que si esa pared nos pegaba, nosotros le pegaríamos más fuerte para derrumbarlo. En lugar de ese muro, vimos un hermoso acueducto, lleno de agua y vida, y con el grito de todos los corredores que íbamos en ese momento por ahí, así como todos los espectadores que unísono decía: ¡C.U., C.U., C.U!….. es imposible parar o rendirse, cuando todos los que estábamos ahí, buscábamos el mismo objetivo: llegar a Ciudad Universitaria, la meta.

Ruta

Correr por la Av. Insurgentes, fue pesado, pero al mismo tiempo, se hizo corto, gracias a las porras de toda la gente que se encontraba apoyando, algunos, esperábamos llegar al km 37, porqué ahí estaría tocando en vivo la banda “Kinky”, pero si con algo me quedo, es con el apoyo de la gente, regalando cosas que pusieron de su cartera, para que nosotros, los corredores, nos sintiéramos bien, y llegáramos a la meta.

¿DÓNDE ESTÁ EL FAMOSO C.U.?

Solo estábamos a unos metros de Ciudad Universitaria, pero aún, no podíamos ver el estadio, y esa fue una de las preguntas que Ale y yo nos hacíamos, ya que en esos momentos, íbamos corriendo con nuestro corazón, o en piloto automático, el camino se empezó a cerrar por las vallas cuando de repente, vemos a la izquierda, el hermoso edificio patrimonio cultural de la humanidad: La biblioteca central de la UNAM.

“YA LLEGAMOS”

Ver el estadio, fue lo más emocionante que pudimos tener para nuestra vista, aun así, todavía había que correr un poco, rodeando el estadio, para poder llegar a descender la rampa que nos llevaría por el túnel hacia la pista.

No puedo describir, el momento en que salimos del túnel, para ver un semivacío estadio olímpico universitario, pero lleno de porristas y corredores que ya habían terminado su objetivo, y estaban ahí, para apoyarnos a los que estábamos llegando.

Al pisar la hermosa y cómoda superficie de tartán, y correr hacia la meta, le dije a mi esposa, “visualiza la meta, visualiza este momento”, a lo que ella me respondió, “creo que voy a llorar.”

Conforme nos íbamos acercando a un arco de meta, con dos gigantescas X’s, nos tomamos de la mano llenos de felicidad, y dejamos que el recuerdo de Enriqueta Basilio nos impulsara a la meta final.charly3